En el Hospital Mateu Orfila, igual que en los otros hospitales de las Islas Baleares, los payasos pasan, visitan y hacen sus intervenciones en diferentes servicios del centro.
Hay servicios en que la visita de los payasos es más rápida y otros en qué es más larga, según la idiosincrasia del servicio, las necesidades de los pacientes y el momento en que llegamos.
Hay servicios en que los pacientes están de paso hasta su recuperación. Los vimos aquel día, jugamos con ellos y quizás no les volvemos a ver, cosa que es una buena señal, puesto que quiere decir que han recibido el alta y han podido volver a casa gracias al trabajo del equipo sanitario.
Por otro lado, hay servicios en que coincidimos día detrás día con los mismos pacientes, como es el caso del servicio de diálisis.
El servicio de diálisis de Mateu Orfila tiene un aura especial gracias al equipo humano que trabaja, tanto los médicos como, especialmente, el equipo de enfermería, capaz de convertir cualquier época del año en una visita inmersiva con sus decoraciones al pasillo, sus vestimentas y todos los detalles del servicio. Esta magia se ve multiplicada por la alegría, la ternura y el trato humano que desprende su equipo de enfermería.
Dentro de este escenario coincidimos con sus pacientes. Algunos duermen cuando llegamos; otros están leyendo, escuchando música o mirando una serie.
Con el paso de los años nos hemos acompañado mutuamente, siguiendo las historias de los libros de navegación que leían, sus carreras de coches, contándonos aventuras y desventuras, poemas de amor y otros que explicaban nuestras vacaciones. Hemos celebrado todas las épocas del año, haciendo rituales de Navidad con la rana que salta o escribiendo deseos para el nuevo año que quemaríamos el día 31 por la noche a casa.
Han sido muchas las aventuras y los momentos compartidos con estos pacientes, igual que con su equipo sanitario.
Por eso, esta historia va dedicada a ellos y al hecho que, cuando llegamos hace unas semanas, encontramos una cama vacía.
En el hospital, una cama vacía puede significar muchas cosas, pero en este caso era motivo de una gran noticia, digna de celebrar: uno de estos pacientes que nos había acompañado en mil historias y aventuras había sido trasplantado y ya no tenía que seguir semanalmente con el tratamiento de diálisis.
La alegría del equipo sanitario se reflejaba en sus caras y así nos lo compartieron y contagiar. Tenían ganas de darle felicidades y celebrar de alguna manera aquella buena noticia.
Estas líneas son una manera de celebrar y recordar todos los momentos vividos. Son una oda a la actitud tierna y humana de su equipo de enfermería y a los pacientes que hemos conocido durante estos últimos años.
Aquel ritual imprevisto con una cuerda roja y dos abullonas en cada jefe, llevado desde Grecia, se convirtió en un símbolo entre dos pacientes y los payasos.
Ahora es cuando lo kombolói y la magia de las cosas pequeñas cogen su máxima expresión.
Enhorabuena, compañeros. Al bolsillo de Bilirrubino siempre habrá el recuerdo de vuestro kombolói para continuar jugando.
Bilirrubino