Un beso que corría más que la canción

Esta mañana, a la Residencia Geriátrica Huialfàs, el dúo de payasos animadores Floripondia Jardínez y Pep Àmfora ha aparecido por un fantástico túnel del tiempo al ritmo de Bésame mucho. Con el ukelele de Floripondia marcando la melodía, hemos iniciado un juego teatral tierno y alocado. 
 
Al sentir la primera palabra de la canción —«Bésame mucho»—, Pep Àmfora ha entendido que aquella letra era una instrucción literal. Con los ojos cerrados, los labios preparados y los brazos abiertos, se ha puesto en camino hacia un beso que creía inminente. Primero, con una lentitud casi coreográfica, como si la música marcara cada pasa. Después, a medida que Floripondia se deslizaba una y otra vez, el juego ha ido cogiendo velocidad y voladizo hasta desembocar en una persecución amorosa delirante. 
 
Mientras tanto, Floripondia, sin perder ni la letra ni el ritmo, se deslizaba por un lado a la otra de la escena. Cada intento de beso acababa en una nueva escapada, como si fuéramos personajes de un dibujo animado clásico. 
 
En la sala, algunas sonrisas aparecían antes de que el gag llegara al final. Otras personas seguían la melodía con los labios o con un leve movimiento de los pies. Durante unos minutos, la canción hizo de puente entre tiempos diferentes: nuestro presente juguetón y los recuerdos de aquellos que, quizás, la habían cantado o bailada muchos años atrás. 
 
La comicidad nos ayudaba a aligerar la nostalgia que esconde la letra. Allá donde la canción habla de una despedida y de un último beso antes de la separación, nosotros encontramos un espacio para el juego, la ternura y la risa compartida. 
 
Y es que, muchas veces, el trabajo de payaso consiste precisamente en esto: acercarse a una emoción conocida y abrir una ventanilla porque entren la luz, el juego y la sorpresa.  

Pep Àmfora