Un secreto en Son Espases

Sshht! Venid, que os contaré un secreto. ¿Lo queréis saber?

En Son Espases hay un par de personas que trabajan saliendo a domicilio. Como los repartidores de comer, pero en vez de repartir comer, reparten salud. Son como las semillas que deja un árbol… pero del hospital.

Estas personas son médicos, médicas, enfermeras, auxiliares… Pero lo más flipante es que también hacen chistes, hacen de chóferes, hay uno que canta mejor que yo y, además, saben dónde son las mejores tapas de la isla.

Su despacho está lleno de mapas, post-its y chinchetas. Parrillas a una pizarra llena de colorines. Conocen todos los niños y niñas más que la señora Lurdes se conoce los mustios del parque. Y ya es difícil!

Los días que no nos hemos comprometido a trabajar en otros hospitales, cuentan con nosotros. Primero trucan en la casa y preguntan si quieren que vayamos… después nos preguntan si podemos viajar con ellos.

Hemos tenido la oportunidad de visitar casas muy especiales, todas llenas de amor. Algunas tienen perros y gatos; otras están en la montaña, con el viento silbando entre los árboles.

Incluso hemos visitado niños dentro de su escuela. Fuimos cuando empezaba un simulacro de incendios. ¡Con humo y todo! Sonaban las alarmas y salieron todos los niños y profesores… disfrazados de Halloween! Qué miedo nos llevamos Aspirino y yo. Alegramos a los “fantasmas” cantando Guantanamera.

El tiempo del patio es un momento perfecto para ver a los médicos. Seguro que sabes por qué… porque están más cerca tus amigos.

A veces no todo son risas en voz alta. Los nuevos amigos que estoy haciendo me enseñan a abrir el corazón cuando me dejan jugar con ellos. También me enseñan ritmos y sonidos nuevos, bromas con los ojos, familias diferentes…

Estoy muy agradecido porque, gracias a estas personas, pude despedirme de una muy buena amiga que había hecho en el hospital.

Entonces aprendí que:

«No podemos añadir días en la vida, pero sí vida en los días.»

Acetato