«Un barquito de papel»

Un barquito de papel fue la primera canción que me aprendí del repertorio musical que ocupamos en el hospital. Hoy me alegro mucho al llegar al hospital, al llegar me encuentro con Camil a quien no veía hace tiempo.

Como siempre, nos alegramos y nos contamos como estamos, poco a poco vamos entrando en tema de trabajo, es muy interesante que al principio comenzamos hablando de nosotros, pero poco a poco nos cambiamos de ropa y nuestras inquietudes van cambiando y el payaso aparece poco a poco.

Hoy me dice que el pasillo se encuentra con una mami que le dan la noticia que su hijo es paliativo y que no sabemos cuánto durará. Tengo un nudo en la garganta que me aprieta la felicidad, por un instante largo hago silencio, es un momento incómodo, un momento triste.

Recuerdo una linda frase que me dice Camil, “la alegría nos limpia y es bella y la tristeza también”.

Me preocupé porque sentí un poco apretado el estómago antes de comenzar el recorrido en el hospital. Las plantas estaban reventando, había muchos ingresos, al final de la tarde llegamos al módulo, nos encontramos con parientes de nuestro amigo y nos pide nuevamente que si podemos ir a verlo antes que parta a su viaje.

Mi pecho ahora estaba apretado. Al entrar lo vemos en los brazos de los padres, ellos nos ven entrar y nos asiente la entrada, nos agradece que estemos ahí y pedimos permiso para cantarle. Cantamos «Un barquito de papel», la canción que más recuerdo.

Los acordes en ese momento no me salían, tenía que buscar en Aspirino la forma para ver qué acordes llevaba en el ukelele para saber por dónde iba. Poco a poco me sentí mejor y comencé a darle amor con la canción, alegría en ese momento de despedida.

Los padres lloraban y sonreían a la vez, fue un momento triste y tierno, pero sobre todo muy humano, me sentí el ser humano más afortunado por dejarme compartir ese momento, ese instante, ese último suspiro. Al terminar la canción giro y veo más parientes de nuestro amigo, todos muy conmovidos por la situación, sigo girando y profesionales también muy emocionados por la situación.

La imagen fue imborrable e indescriptible. Me sentía fuerte y al salir tuve que parar un momento y llorar un instante, respirar, calmarme, asentir. Camil me abrazo, me llevó un café y seguimos haciendo reír, con un nudo en las gargantas y en los corazones, pero seguimos haciendo reír, o haciendo llorar como dice mi muy sabio compañero.

Gracias vida por este regalo.

Átomo 🤡